Amados hermanos en Cristo, le doy gracias a Dios por darme la oportunidad de conseguir un material que creo sera de mucha bendicion para todo Cristiano padre o madre de familia comprometido a fortalecer el nucleo familiar; para glorificar a Dios en su familia. En esta serie de predicas dirigidas a las familias Cristianas, el Dr. Armando Alducin expone a la luz de la palabra; el plan de Dios para la familia y como esta se ha distorcionado atravez de los tiempos. Oro a nuestro Senor y Salvador, Jesucristo; que todos puedan invertir el tiempo para poder escuchar y luego poner a la practica estos principios Biblicos que el hermano Alducin comparte en este estudio.
Que el Senor le bendiga rica y abundantemente a todos vosotros. Amen!
Pueden descargar aqui:
Advertencia a la familia
http://www.mediafire.com/file/ztzx3icd2wwg28t/01%5B1%5D.-Advertencias_a_la_familia.mp3
Avivamiento en la familia
http://www.mediafire.com/file/nvvd8g56j5z4riv/02%5B1%5D.-_Avivamiento_en_la_familia.mp3
Causas de la crisis familiar
http://www.mediafire.com/file/fwrkscvn5avaagv/03%5B1%5D.-Causas_de_la_crisis_familiar.mp3
Convicciones de una familia cristiana 1ra parte
http://www.mediafire.com/file/x5oi61seotkgadq/04%5B1%5D.-Convicciones_de_una_familia_cristiana_-1_pte.mp3
Convicciones de una familia cristiana parte 2
http://www.mediafire.com/file/xkv53xn22698n34/05%5B1%5D.-Convicciones_de_una_familia_cristiana_-2_pte.mp3
Convicciones de una familia cristiana parte 3
http://www.mediafire.com/file/4w7abh2hwt1gd73/06%5B1%5D.-Convicciones_de_una_familia_cristiana_-3_pte.mp3
Cuando una familia escucha la mentira
http://www.mediafire.com/file/bdk4aweag5oyuby/07-Cuando_una_familia_escucha_la_mentira.mp3
Existe solucion a la familia?
http://www.mediafire.com/file/58w1npf84371mld/08-Existe_soluci_n_a_la_familia.mp3
Formacion y bases bliblicas de la familia
http://www.mediafire.com/file/nc30wkiakatuzib/09-Formaci_n_y_bases_b_blicas_de_la_familia.mp3
La crisis familiar parte 1
http://www.mediafire.com/file/8ucvhhwiqjbbuat/10-La_crisis_familiar-1_pte.mp3
La crisis familiar parte 2
http://www.mediafire.com/file/ovoe9pb7m9rs47z/11-La_crisis_familiar_2_pte.mp3
La familia en crisis
http://www.mediafire.com/file/3q4tfagxc9jnhzi/12-La_familia_en_crisis.mp3
La familia en los ultimos tiempos
http://www.mediafire.com/file/4hb993dv2dvumpv/13-La_familia_en_los__ltimos_tiempos.mp3
Creditos: Todo este estudio fue descargado del blog del hermano Flores. El enlace para su blog es http://www.decristoparati.blogspot.com/
Foto obtenida de http://www.obrerofiel.com/
Que el senor los bendiga y le siga dando sabiduria para la edificacion del cuerpo de Cristo; y para la gloria y honra de nuestro Senor Jesucristo. Amen!
Jesus es la Vida Eterna
Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida. (Juan 5:39-40)
martes, 26 de abril de 2011
lunes, 25 de abril de 2011
Audio Comentario de Hebreos 1 al 13

Capítulo 1 - ESCUCHAR COMENTARIO DE Introducción…..1:1-2…..1:2-3…..1:3-7…..1:8-2:4
Capítulo 2 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 1:8-2:4…..2:5-10…..2:10-17…..2:18
Capítulo 3 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 3:1-6…..3:7-10…..3:11-15…..3:16-4:8
Capítulo 4 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 3:16-4:8…..4:9-13…..4:14-16
Capítulo 5 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 5:1-7…..5:7-14
Capítulo 6 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 6:1-5…..6:6-20
Capítulo 7 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 7:1-2…..7:3-19…..7:20-8:2
Capítulo 8 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 7:20-8:2…..8:3-6…..8:6-13
Capítulo 9 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 9:1-7…..9:8-24…..9:25-27…..9:28-10:18
Capítulo 10 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 9:28-10:18…..10:19-36…..10:26-39
Capítulo 11 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 11:1-3…..11:3-6…..11:5-7…..11:8-19…..11:20-30….. 11:31-34…..11:35-40
Capítulo 12 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 12:1-2…..12:3-8…..12:9-15…..12:16-24…..12:25-13:6
Capítulo 13 - ESCUCHAR COMENTARIO DE 12:25-13:6…..13:7-16…..13:17-25
EL CASI CRISTIANO
Por John Wesley
Por poco me persuades a ser cristiano (Hechos 26:28).
Existen muchas almas que hasta este punto llegan: pues desde que se estableció en el mundo la religión cristiana, ha habido un sinnúmero, en todas épocas y de todas nacionalidades, que casi se han decidido a ser cristianos. Mas viendo que de nada vale ante la presencia de Dios, el llegar tan sólo hasta este punto, es de la mayor importancia que consideremos:
Primero, lo que significa ser casi cristiano.
Segundo, lo que es ser cristiano por completo.
1. (I). 1. El ser casi cristiano quiere decir: en primer lugar, la práctica de la justicia pagana; y no creo que ninguno ponga en duda mi aserción, supuesto que la justicia pagana abraza no sólo los preceptos de sus filósofos, sino también esa rectitud que los paganos esperan unos de otros y que muchos de ellos practican. Sus maestros les enseñan: que no deben ser injustos ni tomar lo que no les pertenece sin el consentimiento de su dueño; que a los pobres no se debe oprimir ni hacer extorsión a ninguno; que en cualquier comercio que tengan con ellos, no se ha de engañar ni defraudar a ricos ni a pobres; que no priven a nadie de sus derechos y si fuere posible, que nada deban a ninguno.
2. Más aún: la mayoría de los paganos reconocían la necesidad de rendir tributo a la verdad y a la justicia y aborrecían, por consiguiente, no sólo al que juraba en falso, poniendo a Dios por testigo de una mentira, sino también al que acusaba falsamente a su prójimo calumniándolo. En verdad que no tenían sino desprecio para los mentirosos de todas clases, considerándolos como la deshonra del género humano y la peste de la sociedad.
3. Además: esperaban unos de otros cierta caridad y
misericordia; cualquier ayuda que se pudieran prestar sin detrimento propio. Practicaban esta benevolencia, no sólo al prestar esos pequeños servicios humanitarios que no causan al que los hace gusto ni molestias, sino también alimentando a los hambrientos; vistiendo a los desnudos con la ropa que les sobraba, y en general, dando a los necesitados lo que no les hacía falta. Hasta tal punto llegaba la justicia de los paganos; justicia que también poseen los que casi son cristianos.
(II). 4. La segunda cualidad del que casi es cristiano, es que tiene la apariencia de piedad, de esa piedad que se menciona en el Evangelio de Jesucristo, que tiene las señales exteriores de un verdadero cristiano. Por consiguiente, los que casi son cristianos no hacen nada de lo que el Evangelio prohíbe: no toman el nombre de Dios en vano; bendicen y no maldicen; no juran jamás, sino que sus contestaciones son siempre: sí, sí; no, no; no profanan el día del Señor ni permiten que nadie lo profane, ni aun el extranjero que está dentro de sus puertas; evitan no sólo todo acto de adulterio, fornicación e impureza, sino aun las palabras y miradas que tienden a pecar de esa manera; más aún toda palabra ociosa, toda clase de difamación, crítica, murmuración, “palabras torpes o truhanerías,” etapea, cierta virtud entre los moralistas paganos; en una palabra, se abstienen de toda clase de conversación que no “sea buena para edificación” y que por consiguiente, contrista “al Espíritu Santo de Dios con el cual estáis sellados para el día de redención.”
5. Se abstienen de beber vino, de fiestas y glotonerías, y evitan hasta donde les es posible, toda clase de contención y disputas; procurando vivir en paz con todos los hombres. Si se les hace alguna injusticia, no se vengan ni devuelven mal por mal. No injurian, no se burlan ni se mofan de sus prójimos por razón de sus debilidades. Voluntariamente no lastiman, ni afligen, ni oprimen a nadie, sino que en todo hablan y obran conforme a la regla: “Todas las cosas que quisierais que los hombres hiciesen con vosotros, así también haced vosotros con ellos.”
6. En la práctica de la benevolencia, no se limitan a obras fáciles y que cuestan poco esfuerzo, sino que trabajan y sufren en bien de muchos, a fin de proteger eficazmente a unos cuantos por lo menos. A pesar de los trabajos y las penas todo lo que les viene a la mano lo hacen según sus fuerzas, ya sea en favor de sus amigos o ya de sus enemigos; de los buenos o de los malos, porque no siendo “perezosos” en este o en cualquier otro “deber,” hacen toda clase de bien, según tienen oportunidad, a “todos los hombres;” a sus almas lo mismo que a sus cuerpos. Reprenden a los malos, instruyen a los ignorantes, fortifican a los débiles, animan a los buenos y consuelan a los afligidos. A los que duermen espiritualmente procuran despertar, y guiar a aquellos a quienes Dios ya ha movido, al “manantial abierto...para el pecado y la inmundicia,” a fin de que se laven y queden limpios; amonestando también a los que ya son salvos por la fe a honrar en todo el Evangelio de Cristo.
7. El que tiene la forma de la santidad usa también de los medios de gracia, de todos ellos y siempre que hay la oportunidad. Con frecuencia asiste a la casa de Dios y no como algunos, quienes se presentan ante el Altísimo cargados de cosas de oro y joyería, mostrando vanidad en el vestido y, ya sea por sus mutuas atenciones, impropias de la ocasión, o su impertinente frivolidad, demuestran que no tienen la forma ni el poder de la santidad. Pluguiese a Dios que no hubiera entre nosotros algunas personas de esta clase, que entran al templo mirando por todas partes y con todas las señales de indiferencia y descuido; si bien algunas veces parece que piden la bendición de Dios sobre lo que van a hacer; quienes durante el culto solemne se duermen o toman la postura más cómoda posible, o conversan y miran para todas partes, como si no tuvieran nada serio que hacer y Dios estuviese durmiendo. Estos no tienen ni la forma de piedad; el que la posee, se porta con seriedad y presta atención a todas y cada una de las partes del solemne culto; muy especialmente al acercarse a la mesa del Señor, no lo hace liviana o descuidadamente, sino con tal aire, modales y comportamiento, que parece decir: “Señor, ten misericordia de mí, pecador.”
8. Si a todo esto se añade la práctica de la oración con la familia, que acostumbraban los jefes del hogar y el consagrar ciertos momentos del día a la comunión con Dios en lo privado, observando una conducta irreprochable, tendremos una idea completa de aquellos que practican la religión exteriormente y tienen la forma de piedad. Sólo una cosa les falta para ser casi cristianos: la sinceridad.
(III). 9. Sinceridad quiere decir un principio real, interior y verdadero de religión, del cual emanan todas estas acciones exteriores. Y a la verdad que si carecemos de este principio, no tenemos la justicia de los paganos, ni siquiera la suficiente para satisfacer las exigencias del poeta epicúreo. Aun ese mentecato en sus momentos sobrios, decía:
Oderunt pecare boni, virtutis amore;
Oderunt pecare mali, formidini pœnœ.
“Por amor a la virtud dejan de pecar los buenos; mas los malos por temor del castigo.”
De manera que si un hombre deja de hacer lo malo, simplemente por no incurrir en las penas, no hace ninguna gracia. “No te ajusticiarán.” “No alimentarás a los cuervos colgado de un madero,” dijo el pagano y en esto recibe su única recompensa. Pero ni aun según la opinión de ese poeta es un hombre inofensivo como este, tan bueno como los paganos rectos. Por consiguiente, no podemos decir con verdad de una persona, quien, guiada por el móvil de evitar el castigo, la pérdida de sus amistades, sus ganancias o reputación, se abstiene de hacer lo malo y practica lo bueno, y usa de todos los medios de gracia, que casi es cristiana. Si no tiene mejores intenciones en su corazón, es un hipócrita.
10. Se necesita, por lo tanto, de la sinceridad para este estado de casi ser cristiano; una intención decidida de servir a Dios y un deseo firme de hacer su voluntad. Significa el deseo sincero que el hombre tiene de agradar a Dios en todas las cosas; con sus palabras, sus acciones, en todo lo que hace y deja de hacer. Este propósito del hombre que casi es cristiano, afecta todo el tenor de su vida; es el principio que lo impulsa a practicar el bien, abstenerse de hacer lo malo y a usar los medios que Dios ha instituido.
11. En este punto, probablemente pregunten algunos: “¿Es posible que un hombre pueda ir tan lejos y, sin embargo, no ser más que casi cristiano” “¿Qué otra cosa además se necesita para ser cristiano por completo” En contestación diré: que según los oráculos sagrados de Dios y el testimonio de la experiencia, es muy posible avanzar hasta tal punto y sin embargo, no ser más que un casi cristiano.
12. Hermanos, grande “es la confianza con que os hablo.” “Perdonadme esta injuria” si declaro mi locura desde los techos de las casas para vuestro bien y el del Evangelio. Permitidme pues, que hable con toda franqueza de mí mismo, como si hablase de otro hombre cualquiera; estoy dispuesto a humillarme para ser después exaltado; y a ser todavía más vil para que Dios sea glorificado.
13. Durante largo tiempo y como muchos de vosotros podéis testificar, no llegué sino hasta este punto; si bien usaba de toda diligencia para desterrar lo malo y tener una conciencia libre de toda culpa; “redimiendo el tiempo;” me aprovechaba de todas las oportunidades que se presentaban de hacer bien a los hombres; usaba constante y esmeradamente de todos los medios de gracia tanto públicos como privados; procuraba observar la mejor conducta posible en todos lugares y toda hora y, Dios es mi testigo, hacía yo todo esto con la mayor sinceridad puesto que tenía vivos deseos de servir al Señor y resolución firme de hacer su voluntad en todo; de agradar a Aquel que se había dignado llamarme a pelear “la buena batalla” y a echar mano de la vida eterna; sin embargo, mi conciencia me dice, movida por el Espíritu Santo, que durante todo ese tiempo yo no era más que un casi cristiano.
II. Si se pregunta: ¿qué otra cosa además de todo esto significa el ser cristiano por completo contestaré:
(I). 1. En primer lugar, el amor de Dios quien así dice en su Santa Palabra: “Amarás pues al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente, y de todas tus fuerzas.” Ese amor que llena el corazón, que se posesiona de todos los afectos y desarrolla las facultades del alma, empleándolas en toda su plenitud. El espíritu de aquel que de esta manera ama al Señor, de continuo se regocija en Dios su Salvador; su deleite está en el Señor a quien en todas las cosas da gracias; todos sus deseos son de Dios y permanece en él la memoria de su nombre; su corazón a menudo exclama: “¿A quién tengo yo en los cielos” “Y fuera de ti nada deseo en la tierra.” Y ciertamente, ¿qué otra cosa puede desear además de Dios A la verdad que no el mundo ni las cosas del mundo: porque está crucificado al mundo y el mundo a él; “ha crucificado la carne con los afectos y concupiscencias;” más aún, está muerto a toda clase de soberbia porque “la caridad...no se ensancha;” sino que por el contrario, como el que vive en el amor, así “vive en Dios, y Dios en él” y se considera a sí mismo menos que nada.
(II). 2. En segundo lugar, otra de las señales del verdadero cristiano, es el amor que profesa a sus semejantes, pues que el Señor ha dicho: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Si alguno preguntase: “¿Quién es mi prójimo” le contestaríamos: todos los hombres del mundo, todas y cada una de las criaturas de Aquel que es el Padre de los espíritus de toda carne. No debemos exceptuar a nuestros enemigos ni a los enemigos de Dios y de sus propias almas, sino que los debemos amar como a nosotros mismos, como “Cristo nos amó a nosotros;” y el que quiera comprender mejor esta clase de caridad, que medite sobre la descripción que Pablo da de ella. “Es sufrida, es benigna;...no tiene envidia” no juzga con ligereza; “no se ensancha,” sino que convierte al que ama en humilde siervo de todos. El amor “no hace sinrazón…no busca lo suyo sino sólo el bien de los demás y que todos sean salvos; “no se irrita,” sino que desecha la ira que sólo existe en quien no ama; “no se huelga de la injusticia, mas se huelga de la verdad; todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera.”
(III). 3. Aún hay otro requisito para ser verdaderamente cristiano, que pudiera considerarse por separado, si bien no es distinto de los anteriores, sino al contrario, la base de todos ellos es: la fe. Excelentes cosas se dicen de esta virtud en los Oráculos de Dios. “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios,” dijo el discípulo amado. “A todos los que le recibieron, dióles potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre.” “Y esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe.” El Señor mismo declara que: “El que cree en mí, aunque esté muerto vivirá.”
4. Nadie se engañe a sí mismo. “Necesario es ver claramente que la fe que no produce arrepentimiento, amor y buenas obras, no es la viva y verdadera, sino que está muerta y es diabólica; porque aun los demonios mismos creen que Jesucristo nació de una virgen; que hizo muchos milagros y declaró ser el Hijo de Dios; que sufrió una muerte penosísima por nuestras culpas y para redimirnos de la muerte eternal; que al tercer día resucitó de entre los muertos; que subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre y que el día del juicio vendrá otra vez a juzgar a los vivos y a los muertos. Estos artículos de nuestra fe y todo lo que está escrito en el Antiguo y Nuevo Testamentos, los demonios creen firmemente, y sin embargo, permanecen en su estado de condenación porque les falta esta verdadera fe cristiana.”[2]
5. “Consiste la verdadera y única fe cristiana,” usando el lenguaje de nuestra Iglesia, “no sólo en aceptar las Sagradas Escrituras y los Artículos de nuestra fe, sino en tener una plena seguridad y completa certeza de que Cristo nos ha salvado de la muerte eterna. Es una confianza firme y una certidumbre inalterable de que Dios nos ha perdonado nuestros pecados por los méritos de Cristo, y de que nos hemos reconciliado con El; lo que inspira amor en nuestros corazones y la obediencia de sus santos mandamientos.”
6. Ahora bien, todo aquel que tenga esta fe “que purifica el corazón” (por medio del poder de Dios que reside en él) de la soberbia, la ira, de los deseos impuros, “de toda maldad,” “de toda inmundicia de carne y de espíritu;” y por otra parte lo llena con un amor hacia Dios y sus semejantes, más poderoso que la misma muerte, amor que lo impulsa a hacer las obras de Dios; a gastar y gastarse a sí mismo trabajando en bien de todos los hombres; que sufre con gozo los reproches por causa de Cristo, el que se burlen de él, lo desprecien, que todos lo aborrezcan, más aún, todo lo que Dios en su sabiduría permite que la malicia de los hombres o los demonios inflijan sobre él; cualquiera que tenga esta fe y trabaje impulsando por este amor, es no solamente casi, sino cristiano por completo.
7. Mas ¿dónde están los testigos vivientes de todas estas cosas Os ruego, hermanos, en la presencia de ese Dios ante quien están “el infierno y la perdición... ¿cuánto más los corazones de los hombres” que os preguntéis cada uno en vuestro corazón: ¿Pertenezco a ese número ¿Soy recto, misericordioso y amante de la verdad, siquiera como los mejores paganos Si así es, ¿tengo solamente la forma exterior del cristiano ¿Me abstengo de hacer lo malo, de todo lo que la Palabra de Dios prohíbe ¿Hago con todas mis fuerzas todo lo que me viene a la mano por hacer ¿Uso de los medios instituidos por Dios siempre que se ofrece la oportunidad ¿Y hago todo esto con el deseo sincero de agradar a Dios en todas las cosas
8. ¿No tenéis muchos de vosotros la conciencia de encontraros muy lejos de ese estado de mente y corazón; de que ni siquiera estáis próximos a ser cristianos; de que no llegáis a la altura de la rectitud de los paganos; de que ni aun tenéis la forma de la santidad cristiana Pues mucho menos ha encontrado Dios sinceridad en vosotros, el verdadero deseo de agradarle en todas las cosas. No habéis tenido ni la intención de consagrar todas vuestras palabras y obras, vuestros negocios y estudios, vuestras diversiones a su gloria. No habéis determinado ni siquiera deseado, hacer todo “en el nombre del Señor Jesús” y ofrecerlo todo como un sacrificio espiritual, agradable a Dios por Jesucristo.
9. Mas suponiendo que hayáis determinado y decidido hacerlo, ¿será bastante el hacer propósitos y el tener buenos deseos, para ser un verdadero cristiano En ninguna manera. De nada sirven los buenos propósitos y las sanas determinaciones a no ser que se pongan en práctica. Bien ha dicho alguien que “el infierno está empedrado de buenas intenciones.” Queda por resolver la gran pregunta: ¿Está vuestro corazón lleno del amor de Dios ¿Podéis exclamar con sinceridad: “¡Mi Dios y mi Todo!” ¿Tenéis otro deseo además de poseerlo en vuestro corazón ¿Os sentís felices en el amor de Dios ¿Tenéis en El vuestra gloria, vuestra delicia y regocijo ¿Lleváis impreso en vuestro corazón este mandamiento: “Que el que ama a Dios, ame también a su hermano” ¿Amáis pues a vuestros semejantes como a vosotros mismos ¿Amáis a todos los hombres, aun a vuestros enemigos y los enemigos de Dios, como a vuestra propia alma, como Cristo os amó a vosotros ¿Creéis que Cristo os amó y se dio a sí mismo por vosotros ¿Tenéis fe en su sangre ¿Creéis que el Cordero de Dios ha “quitado” vuestros pecados y los ha tirado como una piedra en lo profundo del mar ¿Creéis que ha raído la cédula que os era contraria, quitándola de en medio y enclavándola en la cruz ¿Habéis obtenido la redención por medio de su sangre, aun la remisión de vuestros pecados Y por último, ¿da su Espíritu testimonio con vuestro espíritu de que sois hijos de Dios
10. El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que está en medio de nosotros, sabe que si algún hombre muere sin esta fe y sin este amor, mejor le fuera al tal hombre el no haber nacido. Despiértate, pues, tú que duermes e invoca a Dios; llámale ahora, en el día cuando se le puede encontrar; no le dejes descansar hasta que haga pasar todo “su bien delante de tu rostro,” hasta que te declare el nombre del Señor “Jehová, fuerte, misericordioso, y piadoso; tardo para la ira, y grande en benignidad y verdad; que guarda la misericordia en millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado.” Que ningún hombre os engañe ni os detenga antes de que hayáis obtenido esto, sino al contrario clamad de día y de noche a Aquel que “cuando aun éramos flacos, a su tiempo murió por los impíos” hasta que sepáis en quién habéis creído y podáis decir: “¡Señor mío, y Dios mío!” orando sin cesar y sin desmayar hasta que podáis levantar vuestras manos hacia el cielo y decir al que vive por siempre jamás: “Señor, tú sabes todas las cosas; tú sabes que te amo.”
11. Pluga al Señor que todos los que aquí estamos reunidos sepamos no solamente lo que es ser casi cristianos, sino verdaderos y completos cristianos; estando gratuitamente justificados por su gracia por medio de la redención que es en Jesús; sabiendo que tenemos paz con Dios por medio de Jesucristo; regocijándonos con la esperanza de la gloria de Dios y teniendo el amor de Dios derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos es dado.
Creditos: http://wesley.nnu.edu/espanol
sábado, 23 de abril de 2011
Los Dones del Espíritu-Los Dones y el Fruto
por W. T. Purkiser
Casa Nazarena de Publicaciones
P. O. Box 527 Kansas City, Missouri, 64141 E. U. A.
P. O. Box 527 Kansas City, Missouri, 64141 E. U. A.
Esta obra apareció en inglés con el título de The Gifts of the Spirit. Fue traducida al castellano por Loida B. de Dunn, bajo los auspicios de la Junta Internacional de Publicaciones.
Impreso en E. U. A. — Printed in U. S. A. 1/79
Hay que considerar un punto más. Puesto que los dones para el servicio son tan importantes para la vitalidad del cuerpo (la iglesia), y porque son dones del Espíritu Santo, hay una tendencia de considerar los dones como medidas de la espiritualidad.
El apóstol Pablo hace distinciones entre el hombre “natural,” el hombre “carnal”, y el hombre “espiritual” (1 Corintios 2:14—3:3). El hombre natural carece por completo de vida espiritual: “no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura” (1 Corintios 2:14). Está “muerto(s)... en vuestro(s) delito(s) y pecado(s)” (Efesios 2:1). Los “carnales” son niños en la fe cuya vida personal y en la iglesia están dañadas por celos y riñas (1 Corintios 3:3).
El hombre espiritual es todo lo contrario: representa la cristiandad en su norma nuevotestamentaria. Entiende y discierne las cosas del Espíritu. Vive la vida no tan sólo a base del juicio humano, sino de acuerdo con la mente de Cristo (1 Corintios 2:14-15). Así es la persona que ha hecho suya la promesa de Jesús: “Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (Juan 14:15-17). Esta promesa, como ya hemos visto, es tanto personal como dispensacional, puesto que cuando Jesús pidió el Consolador al Padre, dijo: “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos” (Juan 17:20).
Pero, ¿cuáles son las marcas del cristiano espiritual ¿Hay alguna medida de espiritualidad en el Nuevo Testamento Si la hay, ¿se encuentra en uno o aun en varios de los dones para el servicio cristiano
Las respuestas son: Sí, hay en efecto características y medidas de la vitalidad espiritual en el Nuevo Testamento. Pero, no, el criterio de la espiritualidad no se basa en uno, ni en muchos de los dones del Espíritu Santo. Se encuentra en las enseñanzas en el Nuevo Testamento respecto a cómo es el Espíritu Santo y en lo que Pablo llamó “el fruto del Espíritu."
I. SEMEJANTES AL ESPÍRITU
Cuando el Nuevo Testamento dice “espiritual,” la palabra es literalmente “ser como el Espíritu” (pneumatikos). Tiene que ver con la actitud, el genio, las cualidades del carácter, y con los móviles, todos acondicionados por la presencia moradora del Santo Espíritu. El cristiano espiritual todavía es netamente humano. No puede alegar perfección de personalidad ni de acción. Su semejanza al Espíritu Santo está lejos de ser completa. Más bien la semejanza está creciendo y progresando. Pero la medida de la plenitud del Espíritu Santo es una semejanza creciente a El.
¿Cómo es el Espíritu Santo Es descrito diversamente en la Biblia como el Espíritu de Cristo, de la santidad, de compasión, del amor y del buen juicio (Romanos 1:4; 8:9; 2 Timoteo 1:7). Pero la descripción del Espíritu Santo que es más expresiva se da en la promesa de Jesús que vimos en Juan 14:16: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre.”
La verdad se destaca mucho más en el Nuevo Testamento griego que en el nuestro. En griego hay dos vocablos principales que expresan el concepto de “otro”. Heteros quiere decir otro de una clase diferente. Por ejemplo hablamos de la doctrina falsa como “heterodoxia”, o “doctrina de otra clase diferente.” El segundo vocablo es allos. Quiere decir otro de la misma clase. Jesús dijo: “Yo rogaré al Padre, y os dará allos parakletos,” otro Consolador, Ayudador, o Consejero, Uno de la misma clase, Uno como Yo, literalmente, “otro Jesús.”
Cuando queremos saber cómo es Dios, miramos a Jesús. “El que me ha visto,” dice Jesús “ha visto al Padre” (Juan 14:9). Exactamente en la misma manera, cuando queremos saber cómo es el Espíritu Santo, debemos también mirar a Jesús: “El Padre os dará Otro como Yo.”
El significado es obvio. El cristiano espiritual es aquel que se parece a Cristo. La primera medida y el primer rasgo de la espiritualidad en el Nuevo Testamento es la semejanza a Cristo. Ninguna persona es verdaderamente espiritual si no se parece a Jesucristo. Crecer en espiritualidad significa aumentar en nuestra semejanza a El. “Más cual mi Cristo” significa ser más profundamente espiritual.
II. EL FRUTO DEL ESPÍRITU
Este mismo concepto de la semejanza a Cristo adquiere nueva profundidad de sentido al considerar la lista de gracias que Pablo llama sencillamente “el fruto del Espíritu”. Después de describir las obras de la carne, Pablo hace un notable contraste y escribe: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza…" (Gálatas 5:22-23).
Jesús mismo había subrayado la importancia del “fruto.” El no sugirió nunca: “Por sus dones los conoceréis.” Pero sí hizo dos veces la distinción entre lo verdadero y lo falso, diciendo: “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:16, 20). De igual modo que la parra produce uvas y la higuera, higos, el buen árbol produce buena fruta, y el árbol malo lleva fruta mala (véase vv. 16-18).
Jesús nunca sugirió que su Padre el Hortelano “corta toda rama” de la vid que no está dotada abundantemente de dones. Pero sí dijo: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto... el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden” (Juan 15:1-6).
El fruto, pues, es el indicador decisivo de la calidad de la vida interior. “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos” (Juan 15:8). La calidad del fruto es lo que marca la calidad interior de la vida, y mucho fruto glorifica al Padre.
Pero la gramática del Apóstol en Gálatas 5:22-23 (especialmente en las versiones antiguas) es extraordinaria, pues él dice: “Mas el fruto del Espíritu es”, y luego procede a hacer la lista de gracias o cualidades del carácter: “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza.” La forma gramatical de esa frase parece demandar que se diga: “Los frutos del Espíritu son: caridad,” etc.
Hay dos posibles explicaciones de la forma que usó Pablo.
1. Un racimo indivisible
Es posible que el Apóstol esté diciendo que el fruto del Espíritu es un racimo indivisible de gracias que pertenecen unidas y que no se separan. No son cualidades separables ni gracias que se puedan dividir, es decir, cuando están presentes en una persona como resultado o fruto del Espíritu Santo.
Aquí está la diferencia notable entre el fruto del Espíritu y los dones del Espíritu. Como ya vimos, Pablo insiste repetidas veces en que el Espíritu Santo reparte los dones distintamente a diferentes personas así como las diferentes partes del cuerpo tienen distintas funciones (1 Corintios 12:7-11, 14-27, 29-30). El fruto del Espíritu es exactamente lo opuesto. No ocurre que un cristiano tenga la gracia del amor, mientras que otro tenga gozo; otro tenga paz; otro, la paciencia; otro, la benignidad, etc., aunque sí es cierto que las gracias se realizan de acuerdo con el carácter y el temperamento individuales. Más bien, en conjunto, amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, y templanza son, unidas e indivisibles, el fruto del Espíritu Santo.
2. Una descripción del amor que se semeja a Cristo
Hay otra explicación posible de la gramática de Gálatas 5:22-23. Se ve en la posibilidad de que Pablo haya querido decir: “El fruto del Espíritu es AMOR, amor gozoso, sereno, paciente, benigno, bueno, fiel, manso y templado.” S. D. Gordon dijo una vez que el gozo es el amor cantando, la paz es el amor que descansa, la paciencia es el amor soportando, la benignidad es el amor que comparte, la bondad es el carácter del amor, la fidelidad es la costumbre del amor, la mansedumbre es el toque tierno del amor y la templanza es el amor que controla el timón.
Debe notarse que el contexto de cada lista de los dones para el servicio cristiano es la expresión del amor. Pedro dice: “Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados. Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones. Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” (1 Pedro 4:8-10).
Inmediatamente después de dar su lista de los dones para el servicio cristiano en Romanos 12, Pablo añade: “El amor sea sin fingimiento... Amaos los unos a los otros con amor fraternal…" (vv. 9-10). En el capítulo siguiente, proclama el amor como el cumplimiento de la ley. Menciona lo que dicen los mandamientos y concluye: “... cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (13:9).
En su pasaje menos comprendido, el Apóstol recalca la importancia clave del amor, más que en cualquier otro pasaje. Concluye su discusión de las carismata en 1 Corintios 12 con estas palabras: “… Mas yo os muestro un camino aun más excelente” (v. 31). Es su preludio al gran “Himno del Amor,” en 1 Corintios 13. Aun el capítulo 14, con su comparación desfavorable entre hablar lenguas extrañas y hablar a otros “para edificación, exhortación y consolación” (v. 3), empieza con las palabras: “Seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis” (v. 1).
Nada puede compensar por la falta de amor. “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve” (1 Corintios 13:1-3).
El usar la presencia o la ausencia de dones como la base para juzgar la espiritualidad de otro es abusar de los dones y no comprender en absoluto su propósito o su significado. El amor es el fruto y el amor es la medida, y ninguno de los dones ni todos los dones juntos significan nada en cuanto a la espiritualidad, si hace falta el amor.
¿Cómo puedo yo medir la dimensión espiritual de mi vida Es solamente la medida en que manifiesto el amor de Dios, su amor gozoso, sereno, paciente, benigno, bueno, fiel, manso, y autocontrolado.
“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” (1 Corintios 13:4-13).
Creditos: http://wesley.nnu.edu/espanol
Los Dones del Espíritu-Los Dones de Lenguaje
por W. T. Purkiser
Casa Nazarena de Publicaciones
P. O. Box 527 Kansas City, Missouri, 64141 E. U. A.
P. O. Box 527 Kansas City, Missouri, 64141 E. U. A.
Esta obra apareció en inglés con el título de The Gifts of the Spirit. Fue traducida al castellano por Loida B. de Dunn, bajo los auspicios de la Junta Internacional de Publicaciones.
Impreso en E. U. A. — Printed in U. S. A. 1/79
No es necesario dar una apología para hacer un examen de los dones de lenguaje en el Nuevo Testamento. Desde luego reconocemos que el espacio que le damos a este tema en este libro es ciertamente mucho mayor de lo que normalmente merecería, de acuerdo a la importancia que le da Pablo en comparación a los otros dones. Pero el énfasis que este siglo le ha dado a este aspecto específico de los dones espirituales, la carismata, no sólo justifica sino que demanda un examen cabal de lo que incluye “hablar en lenguas.”
Hay un punto que debe mencionarse desde el principio. Por muchos años el autor enseñó cursos universitarios en lógica, los principios y la práctica del pensamiento crítico. Una de las falacias que amenazan el claro pensamiento es el intento ilógico de refutar una teoría al atacar los motivos, o de juzgar el carácter de los que creen tal teoría. El nombre técnico de esa falacia es argumentum ad hominem. Siempre es incorrecto hacer tal cosa.
Hay un error paralelo, y es el que supone que la discusión de una teoría significa un ataque personal a los que sostienen tal teoría. Nada podría distar más de la verdad. Hay cristianos que son mejores que su credo y otros que, por otro lado, no se alzan a la altura cabal de sus creencias. En todo caso, el credo puede ser examinado aun críticamente, si es necesario, sin denotar ninguna crítica ni del carácter, ni de la persona que sostiene tal creencia.
Al considerar los dones de lenguaje, es imposible evitar las diferencias de interpretación. Puesto que es necesario diferir con nuestros sinceros y amados hermanos cristianos que sostienen otras teologías, lo debemos considerar como una especie de desacuerdo intestino, algo así como una riña familiar.
No debemos alzar garrotes contra aquellos cuyo culto al Señor es diferente del nuestro ni tirarles piedras. Tampoco nos conviene pasar por alto los asuntos creados por estas teorías diferentes. Es menester que todos probemos nuestras teorías de acuerdo a las Escrituras. La Biblia tiene que tener la primacía en todos los asuntos de la fe y la práctica. Lo que nos conviene hacer es averiguar individualmente “lo que dice el Señor.”
I. GLOSOLALIA
De la misma manera que la palabra griega carismata ha viajado del Nuevo Testamento, hasta el idioma moderno en el vocablo “carismático,” así se ha establecido también el vocablo glossolalia. Glossa significa ambas cosas, “lengua”, como el órgano del habla que está en la boca, y “lenguaje”. Lalein significa “hablar”. De allí que glossolalia ha venido a ser el vocablo técnico que se usa para describir el “hablar en lenguas.. Aunque este término ha sido extendido por el uso popular hasta incluir también lenguas extranjeras no aprendidas, éstas se llaman técnicamente xenoglossa. El sentido de glosolalia típico y más cuidadoso describe el hablar un idioma que ni el que habla ni el que oye comprenden, a menos que éste tenga el don paralelo de la interpretación.1
El cristiano contemporáneo tiene que enfrentarse con dos puntos respecto a la glosolalia. Uno es la interpretación doctrinal o teológica que se le da: que el hablar en lenguas es la evidencia necesaria, inicial, y bíblica del bautismo con el Espíritu Santo. El otro punto es todo ese sistema de piedad que ha surgido alrededor de la idea de lenguas desconocidas como un lenguaje especial para la oración y la alabanza.
Estos dos puntos suscitan preguntas serias y aun decisivas que no pueden resolverse por la acumulación, por cuantiosa que sea, de opiniones o testimonios en pro o en contra. Estas preguntas se resuelven solamente al considerar la plena enseñanza de las Sagradas Escrituras. La experiencia puede confirmar pero no puede controlar la interpretación bíblica. Es menester que la Palabra de Dios tenga la autoridad decisiva en todos los asuntos que atañen a la vida cristiana.
II. LA ASERCIÓN PENTECOSTAL
El énfasis contemporáneo en la glosolalia es un acontecimiento estrictamente de nuestro siglo (siglo 20). La aserción de que este don es de importancia céntrica, y de que es la evidencia física, inicial, y esencial de la plenitud del Espíritu, fue propuesta por primera vez por Charles F. Parham en conexión con la aparición de la glosolalia en 1901, en su pequeña escuela bíblica en Topeka, Kansas.
Anteriormente habían ocurrido casos documentados de glosolalia, tanto cristiana como no cristiana. Los montanistas, herejes de los primeros siglos cristianos; los albigenses en Italia; los jansenistas de Port-Royal, Francia; los irvingistas de la Inglaterra del siglo XIX; también los mormones y los shakers (una pequeña secta) en los Estados Unidos; todos estos grupos practicaron la glosolalia. Pero no se había llegado a ninguna conclusión teológica basada en esta práctica. El historiador más reciente del movimiento pentecostal en los Estados Unidos le atribuye a Parham la honra de ser el “padre del pentecostalismo moderno.”2
Por el mero hecho de ser algo “nuevo,” hay razón para sospechar de cualquier novedad teológica fundamental. Claro que la teología puede aumentar su comprensión de las Escrituras y de la manera en que Dios obra con los hombres. Pero este crecimiento del conocimiento no cambia en forma alguna las verdades básicas del evangelio. Es correcto el dicho conocido de Juan Wesley: “En la fe cristiana, todo lo que es nuevo no es verdad, y lo que es verdad no es nuevo.”
¿Qué encontramos en la Biblia cuando examinamos las aseveraciones en pro de la glosolalia de hoy día
III. EVIDENCIA INDIRECTA
Primero hay lo que podría llamarse evidencia indirecta de la Biblia respecto a ello. Los lenguajes aparecen primero en la Biblia como barreras de separación entre un hombre y otro. En la torre de Babel (Génesis 11), los diferentes lenguajes fueron parte del juicio de Dios sobre la soberbia pecaminosa del hombre. Los lenguajes humanos de hoy día, tan diferentes entre sí, tuvieron su origen como resultado de lo que ocurrió en Babel. La palabra misma, “Babel,” ha venido a significar confusión o habla incomprensible.
Más tarde, en el Antiguo Testamento, todas las características esenciales de la época del Espíritu Santo fueron profetizadas ampliamente sin mención alguna de lenguas o de idiomas en relación con ella. Isaías, Ezequiel, Joel, Zacarías y Malaquías hablan de la productividad y bendición, la purificación por fuego, la libertad en la oración, la ley de Dios escrita en el alma, y la gracia y la visión que habían de venir. Pero no dicen ni una palabra respecto a una señal o evidencia esencial y física, como se dice que es la glosolalia.
El verso 11 del capítulo 28 de Isaías no es excepción a lo dicho: “Porque en lengua de tartamudos, y en extraña lengua hablará a este pueblo.” Este verso que Pablo cita en 1 Corintios 14:21, se refiere a los juicios que caerían sobre Efraín a mano de los asirios, y más tarde de los babilonios; ambos eran idiomas extraños, y al oírlos, uno creía estar oyendo a un tartamudo. Este pasaje es importante para nuestro entendimiento de 1 Corintios 14.
La evidencia indirecta en el Nuevo Testamento también es significativa. Juan el Bautista fue el primero que habló en el Nuevo Testamento respecto a la venida inminente del bautismo con el Espíritu. Los cuatro evangelios incluyen el contraste que él hizo entre su bautismo con agua y el bautismo con el Espíritu que daría Cristo (Mateo 3:11-12; Marcos 1:7-8; Lucas 3:16-17; Juan 1:33). Fue citado por Jesús (Hechos 1:5) y por Pedro (Hechos 11:16). Sin embargo, Juan no mencionó de ninguna manera una señal física inicial que confirmara el bautismo.
Es notable que la Biblia no nos dice ni una sola vez que Jesucristo, a quien el Padre dio el Espíritu sin medida (Juan 3:34), haya hablado en lengua que no fuera la lengua natural aramea de Palestina.
Más que cualquiera otra persona en el Nuevo Testamento, Jesús formuló la doctrina definitiva respecto al Espíritu Santo en sus discursos acerca del Paracleto en la última cena (Juan 14:16). Sin embargo no hizo una sola mención de señal lingüística alguna que sirviera de confirmación. Ninguna doctrina puede considerarse, esencial, y ni siquiera importante, en la cristiandad que no tenga sus raíces en las enseñanzas personales de Jesucristo.
Por lo menos en una ocasión, los discípulos le rogaron a Jesús que les enseñara a orar (Lucas 11:1). Su respuesta no contiene nada respecto a una “lengua de oración” que pudiera expresar sus deseos a Dios mejor que su habla ordinaria. El les enseñó a orar en las palabras claras, lúcidas y absolutamente comprensibles del Padrenuestro (vv. 2-4).
La única referencia a nuevas lenguas en el Evangelio de Marcos se encuentra en una sección que no se halla en los manuscritos más antiguos y acertados (16:9-20). Aun así, las nuevas lenguas no se refieren al bautismo con el Espíritu. Se refieren a una de las señales generales que “acompañarán a los que creen”, una lista que incluye tomar serpientes en las manos y beber algo venenoso sin daño. Las palabras “los que creen,” relacionan este pasaje a la fe en la salvación y no específicamente al bautismo con el Espíritu. Además, es justo notar que “nuevas lenguas” no significa necesariamente “lenguas desconocidas.”
Debe admitirse que el “argumento del silencio” no es totalmente conclusivo. Pero tampoco carece de importancia. Si Jesús, con su ejemplo y con sus enseñanzas recalcó el bautismo o la plenitud del Espíritu sin decir palabra alguna respecto a otros idiomas o lenguas, es inconcebible que éstos sean la única evidencia inicial y física de ese bautismo, ni que sean esenciales a la piedad cristiana. Todo aquello que es de grande importancia para la fe y la vida cristianas, está notable y consistentemente presente a través de las Escrituras y definitivamente en las enseñanzas de Jesús.
IV. EVIDENCIA DIRECTA
La evidencia directa concerniente a la glosolalia se encuentra en dos libros: Hechos y I Corintios.
1. En el libro de Los Hechos
El libro de Los Hechos es un relato de la experiencia de la iglesia primitiva, tanto al principio de la época del Espíritu Santo, como en su desarrollo posterior.
A veces se da la impresión que el hablar en lenguas era un fenómeno universal en los primeros días de la cristiandad. Un examen detenido del libro de Los Hechos revela solamente tres instancias de hablar en lenguajes que la persona involucrada no había aprendido, y éstas estuvieron muy separadas temporal y geográficamente. La primera fue en el primer Pentecostés cristiano (Hechos 2). La segunda ocurrió cinco años más tarde en Cesarea (Hechos 10). La tercera fue en Éfeso, diecinueve años más tarde. Cuando menos podemos decir que el relato histórico no demuestra que hubiera ni una práctica esparcida ni interés especial en hablar en otros lenguajes.
Aquí es importante notar otro punto de la cronología del Nuevo Testamento. Aunque leemos primero el libro de Los Hechos, la Primera Epístola a los Corintios fue escrita alrededor de ocho o nueve años antes de Hechos. Lucas fue el autor de Los Hechos, y por años fue el compañero y “médico amado” del apóstol Pablo. Cabe poca duda de que él fuera la persona enviada por Pablo como se menciona en 2 Corintios 8:18. Es seguro que tanto su asociación cercana con Pablo, como su conocimiento directo de la iglesia en Corinto, le familiarizaron con las condiciones descritas en 1 Corintios 14 respecto a la práctica de hablar en lenguas.
A la luz de todo esto, la descripción que Lucas da de los lenguajes en el Día de Pentecostés tiene una importancia decisiva. En Hechos 2, Lucas da una cuidadosa lista de los lenguajes hablados por los recién bautizados con el Espíritu Santo (vv. 9-11). El evangelista menciona dos veces el asombro de la multitud congregada de que “cada uno” oyera “hablar en nuestra lengua en la que hemos nacido” (v. 8). Y repite: “Les oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestras lenguas” (v. 11). Es muy posible que esta sea la manera de Lucas de decirles a todos los que pudieran haber oído del fenómeno en Corinto: “Esto es lo que el don de lenguajes del Nuevo Testamento verdaderamente es.”
En todo caso, no hay duda acerca de la naturaleza del fenómeno del Pentecostés en Jerusalén. Fue la capacidad inspirada por el Espíritu de contar las obras maravillosas de Dios en lenguajes que los apóstoles no habían aprendido, pero que eran comprendidos perfectamente por personas que sí hablaban esos lenguajes.
Pero, ¿en qué consistió el milagro de lenguajes en Pentecostés ¿en hablar esos idiomas no aprendidos, o en oír en esos lenguajes lo que se estaban diciendo Ciertamente, Lucas parece decir que los discípulos estaban hablando los lenguajes y los dialectos de las regiones que menciona. Pero sea que fuera milagro de oír o de hablar, seguramente fue un gran milagro de comunicación. Hubo deliberaciones que fueron entendidas por los oyentes sin interpretación alguna.
No hubo, por lo tanto, lenguas o lenguajes desconocidos en el Día de Pentecostés. El hecho es que el don que se otorgó en esa ocasión fue dado precisamente para evitar que hubiera lenguas desconocidas. El lenguaje materno de los discípulos galileos (Hechos 2:7) era una forma del arameo con un acento que se reconocía fácilmente a través de Palestina (Mateo 26:73). Pero los de Partia, de Media, de Elam, de Mesopotamia, de Judea, de Capadocia, del Ponto y de Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de los lugares de África, que están más allá de Cirene, de Creta, Roma y Arabia, todos oyeron en su propio lenguaje o dialecto. Si los discípulos hubieran hablado en su propio lenguaje materno, hubieran usado un lenguaje extraño para muchos en esa multitud cosmopolita.
No hay indicación en el libro de Los Hechos que el don que fue dado en Pentecostés haya sido una capacidad permanente para la extensión misionera. Sí era una señal. No una señal a los creyentes de que habían sido llenos con el Espíritu, sino que era como dijo Pablo acerca de la práctica de lenguas en Corinto: “Son... señal... a los incrédulos” (1 Corintios 14:22), de que el evangelio anunciado allí era, en verdad, para todas las personas, en todas partes, cualesquiera que fueran sus idiomas.
Aquí estaba un testimonio elocuente de que Dios estaba revocando el resultado de aquella soberbia pecaminosa del hombre en Babel. Era una señal para todas las edades de que Cristo y su evangelio estaban derrumbando las barreras entre las naciones. Era un testimonio extraordinario de la universalidad del mensaje evangélico a los hombres de toda lengua y de toda región.
Si hoy día, como se han informado, hay casos de personas que en realidad hablan otros lenguajes, no habría razón de negar que sea obra de Dios. Pero el lenguaje que no pueden comprender ni el que lo habla, ni los demás, a menos que alguien tenga el don paralelo de la interpretación, dista mucho del milagro del Pentecostés. El identificar los lenguajes del Pentecostés con las “lenguas desconocidas,” es abusar tanto de la razón como de las Escrituras y sólo puede resultar en una confusión completa.
Los otros dos casos en Los Hechos de los Apóstoles donde los creyentes hablaron otros lenguajes no son descritos detalladamente (Hechos 10:19). No habría por qué suponer que el fenómeno fuera diferente del que hallamos en Hechos 2. En el caso de Cornelio, los discípulos que estaban con Pedro, de acuerdo a la expresión literal del Nuevo Testamento griego, “les oyeron hablando lenguajes y glorificando a Dios” (Hechos 10:46), con la implicación de que se les entendió. De igual manera los discípulos de Éfeso “hablaron lenguajes y profetizaron” (Hechos 19:6, traducción literal del griego), y aquí también hay la implicación de que fue reconocido lo que se dijo.
Verdaderamente, en el caso de Cornelio, si el don lingüístico fuera en alguna manera una evidencia del bautismo con el Espíritu Santo, es inexplicable que Pedro haya guardado silencio acerca de ello en las dos ocasiones en que relató lo ocurrido (Hechos 11 y 15). Lo que se disputaba cuando Pedro dio su informe a la iglesia en Jerusalén (Hechos 11), y más tarde al concilio en Jerusalén (Hechos 15), era si los gentiles en verdad habían recibido la plenitud del Espíritu. Pedro sólo hubiera tenido que mencionar el fenómeno lingüístico para convencerlos, si en verdad las lenguas eran una evidencia. Pero Pedro no lo mencionó sino que más bien basó su argumento en el hecho de que el Espíritu Santo había purificado “también sus corazones por la fe” (Hechos 15:8-9).
Debemos notar que los tres casos del uso de lenguajes que encontramos en el libro de Los Hechos ocurrieron en épocas de transición críticas en el avance de la promulgación del evangelio.
1. En el Pentecostés, el evangelio surgió más allá de los límites del judaísmo palestino hasta alcanzar a hombres devotos dispersos por toda la región mediterránea.
2. En Cesarea, el evangelio avanzó más allá del círculo de la primogenitura judaica hasta incluir a los gentiles prosélitos.
3. En Éfeso, el evangelio rebasó todos los límites raciales, o las previas conexiones con el judaísmo e incluyó a los que habían salido del más absoluto paganismo al creer en Jesucristo.
En cada uno de estos casos, hubo personas de diferentes naciones y lenguajes presentes. El hablar en otros lenguajes era la señal más natural y patente de que había ocurrido un avance espiritual de importancia.
La evidencia del libro de Los Hechos no está completa hasta que se hayan considerado los muchos casos en los que hay referencias a la plenitud del Espíritu, o a recibir el Espíritu, pero sin que haya mención directa o indirecta de hablar en lenguas o idiomas. Estas referencias incluyen: Hechos 1:5, 8; 4:8, 31; 5:32; 6:3, 5; 8:15, 17-19; 9:17; 11:15-16, 24; 13:9, 52; y 15:8.
2. Las lenguas en Corinto
Cuando pasamos de Los Hechos de los Apóstoles a la correspondencia de Pablo a los corintios, inmediatamente nos encontramos con dificultades de interpretación. No hay duda razonable respecto al uso de lenguajes extranjeros en situaciones en que fueron reconocidos y entendidos sin necesidad de interpretación alguna. En todo esto no había ni rasgos de alguna lengua desconocida que no comprenden ni el que la habla ni el que la oye, a menos que éste tenga el carisma, o don, paralelo de interpretación. Es digno de atención que los vocablos carisma y carismata no aparecen en el libro de Los Hechos.
El Nuevo Testamento relata abusos del don de lenguas solamente en Corinto. Como ya hemos visto, la lista de carismata del Espíritu Santo que Pablo pone en el capítulo 12 de Romanos no incluye el hablar en lenguas. Tampoco lo menciona ningún otro escritor del Nuevo Testamento.
Esto mismo crea problemas de interpretación. Como hemos visto, la iglesia en Corinto tenía muchos problemas serios. Era la menos ejemplar de todas las iglesias descritas en el Nuevo Testamento, aun incluyendo las iglesias de Galacia. Sin embargo, sólo en Corinto hay indicaciones de la existencia de hablar en lenguas.
Un segundo problema de la interpretación de estos datos se encuentra en la divergencia de opinión, honda y casi completa, entre eruditos bíblicos de igual habilidad y devoción, sobre qué estaba ocurriendo en Corinto.
Una de las interpretaciones principales es que los lenguajes de Corinto eran como los que fueron hablados en Jerusalén: idiomas humanos hablados bajo la inspiración directa e inmediata del Espíritu Santo. Si bien estos lenguajes no siempre fueron entendidos en Corinto, hubieran sido inteligibles para la persona que hablara esos lenguajes.
Los eruditos que sostienen este punto de vista dicen que exactamente tal como debemos interpretar el simbolismo del Apocalipsis a la luz de lo que se dice claramente en los Evangelios y las Epístolas en vez de viceversa, así debiéramos interpretar 1 Corintios, y especialmente su capítulo 14, a la luz de Hechos 2 y no viceversa.
La otra interpretación principal, que se ha aceptado extensamente en este siglo, es que las lenguas de Corinto eran expresiones extáticas, sin significado alguno ni para quien las hablaba ni para los oyentes, a menos que hubiera un don correspondiente de la interpretación.
Los eruditos liberales que interpretan las lenguas de Corinto como verdaderamente “desconocidas”, lo hacen basados en su opinión de que los cristianos corintios habían traído a la iglesia las prácticas que habían observado o experimentado en algunas de las religiones misteriosas del primer siglo, en las que se hablaba en lenguas desconocidas. A la vez, un buen número de eruditos conservadores, tanto dentro como fuera del círculo de la práctica pentecostal, consideran las lenguas como un don genuino del Espíritu Santo.
Parte de esta diferencia de opinión sobre lo que realmente aconteció en Corinto surge de la posibilidad de que allí haya habido ambos, lenguas desconocidas y lenguajes extranjeros. Esto se sugiere a base de la diferencia de tono y terminología entre los capítulos 12 y 14, y también por el tacto de Pablo en el capítulo 14, al tratar una situación que él evidentemente consideraba problemática.
En 1 Corintios 12:1, Pablo anuncia su intención de tratar el amplio tema de la pneumatika, vocablo cuyo distintivo significado está oculto si se traduce “dones espirituales”, como hace la versión de Cipriano de Valera, o “las capacidades que el Espíritu da a cada uno” como dice la Versión Popular, como si tuviera un significado equivalente a carismata. Pneumatika significa literalmente “espirituales” o fenómenos espirituales. La referencia inmediata (vv. 2-3) al culto o adoración gentil de ídolos mudos, y la posibilidad de que una persona bajo el dominio de un espíritu que no fuera el Espíritu Santo pudiera maldecir a Jesús, indica que pneumatika incluía dones verdaderos y falsos.
A través del resto del capítulo 12, Pablo trata teológicamente con todo el rango de las carismata más espectaculares, como si fueran verdaderos dones del Espíritu (vv. 4-31). Su énfasis, como ya hemos visto, está en la diversidad de los dones y la unidad de su fuente y sus resultados.
Los cristianos deben procurar recibir de Dios “los mejores dones” (v. 31) “mas” dice Pablo, “yo os muestro un camino aun más excelente.” Ese “camino aun más excelente” es más que una mera transición entre el capítulo 12 y el 14. Es la regla y la prueba del amor por el cual tiene que ser juzgado todo lo que se logra y cada don que se dice tener.
Pablo aplica la prueba del amor a cuatro de los dones que él nombró en el capítulo 12. Empieza con el último y el más controversial: el de las lenguas. Incluye también la profecía, el conocimiento y la fe. Además, compara el entendimiento de todos los misterios, la liberalidad llevada hasta los extremos imaginables, y aún el martirio mismo, con la excelencia sobrepujante del amor (13:1-3). Sea que se trate de seudo-dones, o de dones verdaderos con los que se queda la persona después de perder la gracia, todos ellos pueden ser poseídos y utilizados sin la presencia del Espíritu Santo. Pero el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5). El que no tiene amor no posee el Espíritu Santo.
Solamente el amor nunca falla. Una vez más, Pablo escoge tres de las carismata para indicar que su función es, a lo sumo un valor humano transitorio. Las profecías fallarán; las lenguas callarán; y el conocimiento se desvanecerá (v. 8). El conocimiento y la profecía representan lo incompleto. Cuando se haya alcanzado lo completo, lo parcial dejará de ser. El habla y el entendimiento del niño ceden paso a la madurez del adulto (vv. 9-11). Lo mejor que podemos hacer es ver las cosas a través de un cristal que tiende a alterar la realidad. Pero vendrá un tiempo cuando todas las alteraciones pasarán y “veremos todo claramente” y conoceremos como somos conocidos (v. 12). Quedan tres valores trascendentales: la fe, la esperanza y el amor. “Pero el mayor de ellos es el amor” (v. 13).
V. 1 CORINTIOS 14
El fundamento teológico está plantado firmemente y se ha anunciado el principio: todo debe juzgarse a la luz del tierno amor de Dios en 1 Corintios 12 y 13. Ahora Pablo se enfrenta a ciertos problemas prácticos que él ve en la iglesia de Corinto.
En 1 Corintios 14, el Apóstol se enfrenta en su capacidad de administrador, a uno de los asuntos críticos de una iglesia enfermiza. Es necesario reconocer que se dedicó todo un capítulo a la glosolalia, no porque fuera de tanta bendición sino porque era un problema de tal gravedad.
1. Diferencias entre dos capítulos
Hay diferencias notables entre los capítulos 12 y 14. En primer lugar el vocablo carismata que se usó cinco veces en el capítulo 12, no aparece en el 14. En lugar de eso, Pablo vuelve al vocablo pneumatika, término inclusivo con el que empezó la discusión (12:1 y 14:1) y que incluye manifestaciones tanto verdaderas como falsas.
Segundo, el Espíritu Santo, a quien se menciona diez veces en el capítulo 12, no es mencionado ni una vez en el 14. Nótese que el espíritu que se menciona en los versículos 14, 15, y 16, es escrito correctamente con letra minúscula, y el uso de la mayúscula en 14:2 no tiene justificación pues aquí no se alude al Espíritu Santo.
Tercero, la palabra desconocida respecto a lenguas no aparece aquí en el Nuevo Testamento griego. Nótese que en la versión de Cipriano de Valera aparece en letra bastardilla para denotar que fue agregada por los traductores aunque no aparecía su equivalente en el original. Hay mucha razón para creer que el adjetivo “extraña” (v. 4) como usa la revisión reciente (1960) es más adecuada.
Cuarto, lo que estaba pasando en Corinto, fuese lo que fuese, a Pablo no le complacía. El no escribió para estimular lo que pasaba sino para corregirlo. El Apóstol establece restricciones que jamás le habría impuesto a una manifestación directa e inmediata del Espíritu Santo.
Es posible que nuestra falta de comprensión del capítulo 14 se deba a que Pablo sabía que en Corinto había lenguajes y también lenguas. Algunos estaban hablando en los cultos usando lenguajes que serían comprendidos si personas educadas venían entre ellos. Tres veces se habla de las personas que no podrían comprender, y se les llama “simple” o “indoctos” y esto parece confirmar esa idea (vv. 16; 23-24). Otros quizás estaban expresando oralmente emociones religiosas sin comprenderlas ellos mismos, ni ser comprendidos a menos que hubiera quien interpretara.
Es tan erróneo recomendar el capítulo 14 de Corintios como una pauta para las devociones cristianas normales, públicas o particulares, como sería postular el capítulo 7 de Romanos como la norma de la vida cristiana. La norma para las devociones cristianas se encuentra en 1 Corintios 13, así como la norma para la experiencia cristiana se encuentra en Romanos 8.
2. ¿Lenguajes desconocidos o extraños
La evidencia que tenemos en la Biblia es demasiado escasa y en ciertas partes muy ambigua para permitirnos el lujo de ser excesivamente dogmáticos acerca de las pronunciaciones de Corinto, y decidir si eran en verdad lenguas desconocidas o lenguajes extraños. Sin embargo, es posible leer todo el capítulo 14 como si se tratara de lenguajes extranjeros en lugar de lenguas desconocidas.
A través del capítulo 14 el contexto es el culto de adoración de un grupo específico. Cuando en tal grupo, alguien habla en un lenguaje extraño, nadie de los presentes le comprende y entonces él habla solamente a Dios, “aunque en espíritu hable misterios” (v. 2). Nótese que aquí, “espíritu” no tiene el artículo definido el y no se refiere al Espíritu Santo. En Colosenses 1:36, “misterio” significa las verdades que han sido reveladas en el evangelio.
El que habla misterios (lo que Dios le ha comunicado) se edifica a sí mismo (v. 4), lo que no podría decirse de la persona que expresa lo que él mismo no comprende.
Cuando Pablo dice: “Así que, quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas, pero más que profetizaseis… (o sea, que dieseis a los hombres mensajes de edificación, exhortación y consuelo), no se está retractando de lo que escribió en 12:30, que reza: “¿Hablan todos lenguas” No se está contradiciendo sino que está usando (v. 5) una forma de hacer comparación (muy usada en el Nuevo Testamento) y que consiste en expresar dos alternativas como absolutas. Nótese que Jesús usó esta forma, por ejemplo en Juan 6:27 que dice: “Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece...”
El Señor no estaba prohibiendo el trabajo para ganarnos la comida cotidiana. Simplemente estaba expresando en una escala comparativa de valores, el valor mayor del alimento espiritual que el físico. En otra ocasión Pablo le dijo a Timoteo: “Ya no bebas agua, sino usa de un poco de vino por causa de... tus f recuentes enfermedades… (1 Timoteo 5:23). Pablo no estaba prohibiendo el uso del agua. Estaba comparando, en el caso de Timoteo, el uso de agua que entonces frecuentemente era impura.
Puesto que el hablar en lenguas comprensibles es esencial para el provecho de los que escuchan, Pablo recalca el valor sobresaliente de “palabras bien comprensibles” (vv. 6-9). Hay, por cierto, “tantas clases de idiomas en el mundo” (v. 10). Pablo dice: “Pero si yo ignoro el valor de las palabras, seré como extranjero para el que habla, y el que habla será como extranjero para mí” (v. 11).
Puesto que los corintios anhelan celosamente tener pneumatika, les convendría buscar en todo la edificación de la iglesia. Los que hablan lenguajes que no son generalmente comprendidos, deben orar para poder interpretar o traducirlos para los otros. Es frecuente el caso de que una persona que habla bien un idioma encuentre difícil expresarse en otro.
Los versículos 14 y 15 han sido la fuente de mucha “mitología.” Algunos han creído que Pablo dijo: “Si yo oro en una lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi mente no comprende lo que digo.” Esto es creer que la palabra griega akarpos que traducimos “sin fruto” significa “no comprender”, o “no entender.” La Versión Popular lo traduce: …no estoy sacando provecho con mi entendimiento… pero esto no es lo que la palabra significa. Akarpos quiere decir: “sin fruto,” o “que no le da nada a otros.” 3 Kenneth Wuest traduce la frase: “Mi intelecto no confiere provecho alguno a otros.”4 No es que el que habla en lenguaje extraño no comprenda lo que dice. Más bien, el hecho de que él entienda no le sirve de provecho alguno a nadie más.
Por lo tanto, Pablo escribió: “¿Qué, pues Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento” (v. 15). En este contexto tales palabras sólo pueden significar: “Siempre que yo ore o cante, será en palabras que puedan ser entendidas.”
El entendimiento típico de los que se dicen ser “carismáticos” de los versículos 14-15 presupone una separación entre nous (la mente o el entendimiento), y pneuma (el espíritu o alma), que no tiene base en las Escrituras. La mente y el espíritu no se presentan en la Biblia como funciones separables. La psiquis humana es una unidad indivisible. “Espíritu, alma y cuerpo” (1 Tesalonicenses 5:23) y “corazón,” “alma,” “mente,” y “fuerza” (Marcos 12:30) son expresiones de totalidad o entereza, no catálogos de partes o funciones separables.
Tampoco obra el Espíritu Santo en el hombre aparte de su nous o mente. Es la mente controlada por el Espíritu la que lleva a la “vida y paz” (Romanos 8:6). Es “por la renovación de vuestro entendimiento” (Romanos 12:2) y “en el espíritu de vuestra mente” (Efesios 4:23) que se lleva a cabo la obra transformadora del Espíritu Santo. El blanco a cuya altura aspira todo cristiano es que “haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Filipenses 2:5). El Espíritu Santo es el Espíritu “... de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7).
El interés de Pablo respecto al uso de palabras inteligibles es que cualquiera persona que pueda estar en las reuniones de los cristianos en Corinto, y que sea “indocta”, pueda, sin embargo decir “amén” de lo que oye.
El Apóstol vuelve a usar esta palabra (“indocta”) en los versos 23 y 24 de 1 Corintios 14. La Versión Popular lo expresa así: “Entonces, cuando toda la iglesia se encuentra reunida, si todos están hablando en lenguas y entran algunos que son incultos o que no creen, ¿no van a decir que ustedes se han vuelto locos Pero si todos están comunicando mensajes recibidos de Dios, y entra alguno que no es creyente o que es inculto, se va a convencer de su pecado y él mismo se va a examinar, al oír lo que todos están diciendo.”
Parece evidente que hay sólo una razón por la cual se señaló de esta manera a los incultos o indoctos, y es que una persona educada podría por lo menos identificar uno o más de los lenguajes usados. Tanto los creyentes educados como los incrédulos necesitan escuchar la profecía (que Pablo mismo aclara, significa el hablar “a los hombres para [su] edificación, exhortación y consolación” v. 3), y no hablar palabras desconocidas. Tales personas no aprovecharían nada y los incrédulos llegarían a concluir que los cristianos estaban locos, si los oyeran hablar palabras incomprensibles.
Otro versículo de este capítulo que se ha traducido de manera que causa confusión es el 18, que dice: “Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros.” Una traducción que daría mejor el sentido del griego original sería: “Doy gracias a Dios que hablo más lenguajes que todos ustedes.” Pablo aquí usa precisamente la misma palabra, mallon que se traduce “más,” en Gálatas 4:27:
Regocíjate, oh estéril, tú que no das a luz;
prorrumpe en júbilo y clama, tú que no tienes
dolores de parto;
porque más son los hijos de la desolada,
que de la que tiene marido.
Aquí el sentido de más es “mayor en número” y no mayor en “grado.”
Aunque Pablo sabía bien varios lenguajes dijo: “Pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida” (v. 19).
En este capítulo hay una clara referencia a los lenguajes humanos. “En la ley está escrito: En otras lenguas (heterais glossais, exactamente los vocablos griegos en Hechos 2:4) y con otros labios… (v. 21). Tanto Isaías 28:11-12 que es lo que Pablo cita aquí, como Hechos 2:4, muestran que estas lenguas eran lenguajes no comunes en Palestina pero ciertamente no eran “desconocidos”. El pasaje de Isaías se refiere a la conquista de la tierra por los asirios y los babilonios. El pueblo se había negado a escuchar a sus profetas que les hablaban en los idiomas que ellos podían escuchar. Por lo tanto, escucharían la palabra de juicio por boca y en el idioma de sus conquistadores, idioma que ellos no conocían.
Pablo prosigue: “Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos; pero la profecía, no a los incrédulos, sino a los creyentes” (v. 22). Como vimos al estudiar Hechos 2, el declarar el evangelio en lenguajes desconocidos no tiene valor alguno como una señal para los creyentes de que son llenos del Espíritu Santo. Es más bien una señal para los que no creen, de que el evangelio es para ellos, y no sólo para quienes les han traído la Palabra y cuyo idioma es un idioma extranjero. El hacer, o considerar, que hablar en lenguas sea la evidencia a los creyentes del bautismo con el Espíritu es darle el sentido precisamente contrario a lo que dijo Pablo.
El Apóstol también aclara que esta práctica de hablar en lenguas que estaba causando tantos problemas en la iglesia de los corintios no era necesariamente la inspiración inmediata del Espíritu Santo. Sería difícil creer que el Apóstol se atreviera a limitar o prohibir la expresión del Espíritu Santo. Pero en vez de ello, Pablo dice: “Y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas” (v. 32). Lo que tiene origen en el espíritu humano debe ser controlado por el espíritu humano, “pues Dios no es Dios de confusión…" (v. 33).
Ha recibido mucha atención el mandato de Pablo en la traducción común del verso 39, que reza: “Así que, hermanos, procurad profetizar, y no impidáis el hablar lenguas.” Sin embargo, Pablo sí prohíbe el hablar en lenguas (o en idiomas desconocidos) si dos, o a lo más tres, ya han hablado (v. 27), si no hay intérprete presente (v. 28), o si la persona que quiere hablar es mujer (v. 34).
Parece, por lo tanto, que la traducción de las palabras de Pablo en el verso 39 es errónea. Tal como está, se encuentra en contradicción casi directa y completa de todo lo que se había dicho. El hecho es que nadie en Corinto estaba dispuesto a prohibir el uso de lenguajes extraños. Parece que era más bien un motivo de orgullo entre esos cristianos tiernos. La palabra que se ha traducido impidáis, normalmente quería decir prevenir, o poner obstáculos. Una traducción que daría unidad de sentido a todo el pasaje es: “Por lo tanto, hermanos míos estad listos a profetizar y no pongáis obstáculos al hablar en lenguas: todo debe hacerse decentemente y con orden” (vv. 39-40).5
Podría decirse mucho más, pero cuando menos debe ya ser evidente que no hay nada en el Nuevo Testamento que justifique la doctrina de que hablar en lenguas desconocidas sea la evidencia esencial, inicial y física del bautismo con el Espíritu. También debiera ser evidente que hay poco que justifique el énfasis exagerado que muchos ponen en la glosolalia hoy día.
En cierto sentido el conocimiento, la profecía y los lenguajes dejarían de ser (1 Corintios 13:8-10). Muchos eruditos creen que esto quiere decir que al completarse el Nuevo Testamento ya no se necesitarían estos dones del Espíritu.
Es, sin embargo, muy posible que haya dones genuinos de lenguaje hoy día como los ha habido en otras épocas de la historia de la iglesia. Por todo el mundo, hay misioneros que cuentan las obras maravillosas de Dios en los lenguajes de sus oyentes. Estos misioneros no obtuvieron estas lenguas en un rapto instantáneo de inspiración. Pero en centenares de casos han podido comunicar el evangelio mucho más pronto y con más eficacia de lo que se esperaría si sólo hubieran tenido estudios o talentos humanos.
El hecho es que la mayoría de los dones en ambas listas, la de Romanos, y la de Corintios, están relacionados a las habilidades humanas. Están sujetos a su desarrollo y crecimiento bajo el poder del Santo Espíritu. Es rarísimo que la capacidad de hablar a los hombres para hacerlos crecer espiritualmente, para exhortarlos y para consolarlos (“la palabra de sabiduría” y “la palabra de conocimiento”) nos sea dada instantánea y completamente desarrollada. Servir, enseñar, estimular, dar o compartir, y dirigir, todos éstos incluyen habilidades adquiridas tanto como poderes impartidos divinamente.
Aun algunos milagros de sanidad divina son casos, a menudo, en que el proceso sanador se acorta maravillosamente. No siempre son instantáneos. Nos pasa como el caso del muchacho de quien dicen los evangelios: “Desde esa hora empezó a sanar.” Había pasado la crisis. Había empezado la sanidad.
Dios es el Dios de lo sobrenatural. Pero no siempre viene por medio del terremoto, el trueno o los relámpagos. A menudo, viene por medio de una voz de silbo apacible y delicado. Es tan importante reconocerle cuando viene en el terremoto, el trueno, o el relámpago como cuando viene por la voz de silbo apacible y delicado.
Creditos: http://wesley.nnu.edu/espanol
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