2 Pedro 1:3-8 (Reina-Valera 1960)
3 Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, 4 por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia;
5 vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento;
6 al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad;
7 a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor.
8 Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.
5 vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento;
6 al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad;
7 a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor.
8 Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.
La Biblia nos advierte claramente que muchas personas tendrán una evaluación incorrecta de sí mismas creyendo que son creyentes sin serlo en realidad; pero la Biblia también nos advierte que es posible que un verdadero cristiano pase por un periodo tal de declinación espiritual que apenas pudiéramos distinguir la obra de la gracia de Dios en su vida. Una vez nosotros somos hechos participes de la gracia salvadora en Cristo, es imposible que esa gracia pueda ser totalmente destruida en nosotros. Es verdad que un creyente puede pasar por un periodo tal de decadencia espiritual que llegue a tener duda de la realidad de su fe.
Una cosa es el apostata que durante un tiempo piensa ser creyente; vive externamente como un creyente, pero finalmente se aparta del señor; y otra muy distinta es el creyente verdadero que por un tiempo decae en su vida espiritual. Usualmente cuando un apostata se aparta del señor, ese alejamiento no le preocupa mucho; siempre y cuando se mantenga externamente viviendo como un hijo de Dios. Pero en el caso de un verdadero creyente esta situación resulta muy penosa por qué no experimenta el gozo que la seguridad de la salvación provee. Salmo 51:12 Vuélveme el gozo de tu salvación, Y espíritu noble me sustente. Salmo 51:13 Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, Y los pecadores se convertirán a ti.
Una cosa es tener duda de la propia salvación y otra muy distinta es decir que la salvación es insegura. Filipenses 1:6 estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;
La gracia salvadora que Dios deposita en un verdadero creyente, no dejara que esa persona si se descarría quede apartada y se pierda. Esa misma gracia obrara en una forma que ese creyente se levantara y volverá al camino. Cuando una persona se aparta del camino y no regresa al señor; esa persona no es un cristiano descarriado sino es una persona que nunca estuvo en el carril. Nunca fue salvo.
2Timoteo 4:10 porque Demas me ha desamparado, habiendo amado el mundo presente, y se fue a Tesalónica. Crescente fue a Galacia, y Tito a Dalmacia. 1Juan 2:15 No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él; 1Juan 2:16 porque todo lo que hay en el mundo—los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la soberbia de la vida— no proviene del Padre sino del mundo. 1Juan 2:19 Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros.
Hermanos, a la luz de la palabra de Dios, cualquier verdadero creyente podría decir; Demas nunca fue salvo. Si hubiese sido salvo; ese apartamiento hacia el mundo hubiese sido temporal, y el mismo señor lo hubiese sostenido y preservado para restaurarlo y mostrar su amor y misericordia en su vida. A menos que nuestro Dios, con su divina sabiduría y gran misericordia haya derramado su gracia salvadora en Demas, es muy probable que Demas fuera dejado como ejemplo para nosotros. Para que nos examinemos si en verdad estamos arraigado a Cristo. Las Escrituras no dicen más sobre Demas; luego de que se aparto hacia el mundo. Pero como nuestro Salvador dejo registrado en su Santa Palabra que en ese día habrán sorpresas; sería maravilloso poder ver a Demas arrojando su corona a los pies de Jesucristo, nuestro rey y salvador.
Juan 10:27 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, Juan 10:28 y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Juan 10:29 Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Juan 10:30 Yo y el Padre uno somos. Salmos 37:24 Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, Porque Jehová sostiene su mano.
Amados hermanos, nosotros no tenemos a Cristo agarrado de la mano; Dios el padre y Dios el hijo son los que nos agarran a nosotros de la mano. Es imposible que un verdadero hijo de Dios se pierda. Nuestra salvación depende de la obra de Cristo a nuestro favor; no de nuestra obra a favor de nosotros mismos. Imagínese a un niño cruzando la calle con su padre. ¿Sería prudente permitir que el niño agarre la mano del padre, y no el padre la mano del niño? Esto sería una gran imprudencia departe del padre; a mitad del camino el niño podría soltar la mano del padre y ser atropellado por un auto. Lo mismo sucede con nuestro Dios; es nuestro señor él que sostiene la mano de todos su hijos y el no permitirá que ninguno de ellos lo suelte y se pierda para siempre.
Romanos 8:29 Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Romanos 8:30 Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.
Si la salvación se puede perder, entonces La salvación no es por la fe; yo entro por la fe pero debo preservarla por mis obras. Al fin de cuenta me salvo por las obras, no por la fe. Por otro lado lo que es peor; los que dicen que la salvación se pierde están poniendo en duda la suficiencia de la sangre de Cristo y de su obra redentora en la cruz del calvario. Efesios 2:8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. Efesios 2:9 No es por obras, para que nadie se gloríe
Espero en el Señor Jesucristo, que toda duda sea despejada por medio de la revelación de su santa palabra. La salvación proviene de Dios; El nos salva y nos preserva para vida eterna. Pero eso no quiere decir que podemos sentarnos y decir yo soy salvo siempre salvo; ahora solo tengo que esperar morir para estar con mi Dios en el paraíso. Nuestro sabio Dios preparo obras de antemano para que nosotros anduviésemos en ellas. El verdadero cristiano, impulsado por el Espíritu Santo que fue depositado en él, en el momento de su conversión, caminara en esas obras. Efesios 2:10 Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para hacer las buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
La razón por la cual hay tantos cristianos débiles y mal nutridos es porque no se están alimentando del Cordero. Juan 6:35 Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. Juan 15:5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. Juan 15:2 Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. La vida espiritual que se deriva de nuestro senor Jesucristo; se nutre y sostiene por Jesucristo mismo. No podemos experimentar crecimiento espiritual ni llevar frutos si no estamos apegado al arbol de vida (Jesus). La palabra de Dios es el alimento que todo cristiano necesita para poder tener un desarrollo hacia la madurez espiritual.
Podemos tener mucho conocimiento de la palabra de Dios y no estar creciendo espiritualmente; pero también es verdad que sin el conocimiento de la palabra no podemos crecer espiritualmente. En pocas palabras, podemos adquirir conocimiento sin el espíritu, pero no podemos vivir en el espíritu sin el conocimiento de la palabra.
Judas 1:3 Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. Judas 1:4 Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo. Judas 1:5 Mas quiero recordaros, ya que una vez lo habéis sabido, que el Señor, habiendo salvado al pueblo sacándolo de Egipto, después destruyó a los que no creyeron.
Los verdaderos cristianos estamos llamado a contender por la fe que por gracia hemos recivido para por medio de ella ser salvo. No existe un solo versiculo en la Biblia que muestre que la salvacion es insegura. Cristo + nada = Todo. Galatas 1:6 Estoy asombrado de que tan pronto os estéis apartando del que os llamó por la gracia de Cristo, para ir tras un evangelio diferente. Galatas 1:7 No es que haya otro evangelio, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo.
A continuación vamos a examinar una porción de la palabra que ha sido usada por muchos hermanos en la fe; como una escopeta dirigida en contra de la doctrina de la seguridad de la salvación. Es un pasaje muy complejo, pero al mismo tiempo necesita ser estudiado como si fuéramos niños. Una de las características de los niños es que miran las cosas con simplezas y no tratan de hacerlas más complejas de lo que realmente son. Le pido a mi señor y salvador, Jesucristo que agregue sabiduría a su palabra; para que nos ayude a discernir la revelación de la misma.
Hebreos 6:4 Porque es imposible que los que fueron una vez iluminados, que gustaron del don celestial, que llegaron a ser participantes del Espíritu Santo, Hebreos 6:5 que también probaron la buena palabra de Dios y los poderes del mundo venidero, Hebreos 6:6 y después recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento; puesto que crucifican de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y le exponen a vituperio.
Este es uno de los textos que han sido pisoteados por los pies de la controversia y hay diversas opiniones acerca de él, tan opuestas como los polos, con un grupo que afirma que significa una cosa, y otro grupo que declara que quiere decir otra cosa. Nosotros pensamos que algunos de ellos se aproximan a la verdad; sin embargo, otros, se apartan desesperadamente de la mente del Espíritu.
Viendo el alcance de todo el contexto, nos parece que el apóstol quería motivar a los discípulos a proseguir adelante. Hay una tendencia en la mente humana a quedarse corta y no dar en el blanco celestial. Tan pronto como hemos alcanzado los primeros rudimentos de la religión, y hemos sido bautizados, y entendemos la resurrección de los muertos, hay una tendencia en nosotros a quedarnos quietos; a decir: "he pasado de muerte a vida; ahora, aquí puedo quedarme un rato para descansar.
Sin embargo, la vida cristiana no tiene por meta que nos quedemos quietos, sino que es más bien una carrera, un movimiento perpetuo. El apóstol, por lo tanto, se esfuerza y motiva a los discípulos para que sigan adelante, y los hace correr con diligencia la carrera celestial, mirando a Jesús. Él les dice que no es suficiente haber experimentado un cierto día, un cambio glorioso; haber gozado de una maravillosa operación del Espíritu en un momento dado. Más bien, él les enseña que es absolutamente necesario que ellos tengan el Espíritu durante toda la vida. Que deben progresar de continuo, mientras vivan, en la verdad de Dios. Para hacerlos perseverar, en lo posible, les muestra que si no lo hacen así, perecerán con toda certeza, pues no hay otra salvación fuera de la que Dios les ha dado ya, y si esa salvación no los guarda, y no los lleva hacia delante, y los presenta sin mancha ante Dios, no puede haber otra salvación. Pues es imposible, dice, que si una vez fueron iluminados y luego recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento.
Debemos recordar a nuestros hermanos que hay una vasta distinción entre recaer (es decir, apostatar) y caer. La Escritura no menciona en ningún lado, que si un hombre cae no puede ser renovado; por el contrario, "Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse;" y sin importar cuántas veces caiga el hijo de Dios, el Señor sostiene al justo.
Asimismo, recaer no es ni siquiera renunciar a la profesión. Algunos dirán: "Por ejemplo, allí está fulano de tal; él solía hacer una profesión de ser cristiano, y ahora lo niega, y lo que es peor, se atreve a maldecir y jurar, y dice que nunca conoció a Cristo. Seguramente él ha recaído (apostatado)." Amigo mío, el ha caído, ha caído aparatosamente, y de manera desastrosa; pero yo recuerdo un caso en la Escritura de un hombre que negó a su Señor y Dios, en Su propia cara. Ustedes recuerdan su nombre; es un viejo amigo de ustedes: ¡nuestro amigo Simón Pedro! Él lo negó con juramentos y maldiciones, diciendo: "No conozco al hombre." Y sin embargo, Jesús se volvió y miró a Simón. Él había caído, pero él no había apostatado; pues, solamente uno o dos días después de eso, allí estaba Pedro en la tumba de su Señor, habiendo corrido a ese lugar para encontrarse con su Señor, para ser uno de los primeros en verlo resucitado.
Pero alguien podrá decir: "¿Qué es recaer (apostatar)?" Bien, no ha habido nunca un caso todavía, y por lo tanto yo no podría describirlo después de haberlo observado; pero les diré lo que supongo que es. Recaer (apostatar), sería que el Espíritu Santo abandone completamente a un hombre; que Su gracia cese enteramente; no estar dormido, sino dejar de ser (que Dios, que ha comenzado una buena obra, la deje de hacer por completo) que retire Su mano y diga: "¡Está bien, hombre! te he medio salvado; ahora voy a condenarte." Eso es lo que significa recaer (apostatar). No es pecar temporalmente. Un hijo puede pecar contra su padre, y estar vivo todavía; pero recaer (apostatar) es como cortar de tajo la cabeza del hijo. No caer simplemente, pues entonces nuestro Padre puede levantarnos, sino ser arrojados a un precipicio, donde estamos perdidos para siempre. Un alejamiento permanente implicaría que la gracia de Dios ha cambiado su naturaleza viva, que la inmutabilidad de Dios se ha vuelto variable, que la fidelidad de Dios se ha vuelto cambiante, y que Dios mismo ha cambiado en Su Deidad; pues todas estas cosas se requerirían para un alejamiento permanente.
Y ahora, finalmente, llegamos al punto de aplicar esta doctrina. Si los cristianos pueden apartarse definitivamente, y dejar de ser cristianos, no pueden ser renovados otra vez para arrepentimiento. "Pero," dirá alguien, "tú dices que no pueden apartarse." "¿Cuál es el sentido de ponerle un 'si' como el cuco que asusta a los niños, o como un fantasma que no tiene una existencia?"
En primer lugar, está puesto allí para guardarte de que te apartes. Dios preserva a sus hijos de que se aparten; pero Él los guarda utilizando medios; y uno de estos medios es: los terrores de la ley, mostrándoles lo que pasaría si se apartaran. Allí está un profundo precipicio; ¿cuál es la mejor forma de evitar que alguien caiga en él? Pues decirle que si se cayera en el precipicio, sería hecho pedazos.
Así Dios dice: "hijo mío, si te caes en ese precipicio, serás hecho pedazos." ¿Qué hace entonces el hijo? Dice: "Padre, guárdame; sostenme y estaré seguro." Lleva al creyente a una mayor dependencia de Dios, a un santo temor y precaución, porque sabe que si se apartara no podría ser renovado, y por lo tanto se coloca lejos de ese abismo, pues sabe que si se cayera en él, no habría salvación para él. Está calculado para excitar el temor; y este santo temor evita que el cristiano caiga.
2. Es para motivar gratitud en nosotros. Imagine que un padre de familia le diga a su hijo, Juanito si no te doy de comer tú te moriría de hambre. ¿Pensaría el hijo que su padre no le dará la comida? De ninguna manera; eso lo haría pensar en lo afortunado que es de tener un padre que se preocupa por él y suple su necesidad alimenticia. Lo más seguro es que apreciaría tener un padre suplidor.
Lo mismo sucede con un creyente cuando entiende que fue salvo por gracia y no por obra; No hay nada que pueda hacer para merecer la salvación; pero es tan grande la gratitud que siente por haber sido escogido para salvación, cuando tantos otro no podrán ser salvos. Este conocimiento impulsa al cristiano a servir a Dios apasionadamente y con mucho agradecimiento.
¡Cristiano!, si tú te apartaras, nunca podrías ser renovado otra vez para arrepentimiento. Agradece entonces a tu Señor porque Él te guarda.
2 Tesalonicenses 2:13 Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, 2:14 a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo.
La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu.
Gloria a Dios!
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